Desterrar el plástico y otras urgencias

Cuando era niño, a Marion Henry le gustaba levantarse y correr a la playa para recoger los frutos secos que caían de los árboles junto al océano Pacífico. Le encantaban las almendras. Hoy, Henry es ministro de Desarrollo de los Estados Federados de Micronesia. Y si se acerca hasta la playa de su isla natal en Chuuk, ya no ve almendras. Solo plástico por todas partes.

Episodios terriblemente llamativos como la ballena muerta en Noruega que tenía 30 bolsas de plástico en el estómago despiertan temporalmente la conciencia sobre la polución marina. Alertan de que los mares no son ese pozo sin fondo para acumular porquería que algunos pensaban. El océano sí tiene fondo, y también está contaminado por la acción del hombre. Literalmente. Las fosas de las Marianas tienen niveles “extraordinarios” de compuestos usados en electrodomésticos.

Pero, mientras esos ecosistemas abisales necesitarán “siglos o milenios” para recuperarse de la contaminación según Kristina Gjerde, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la alarma social dura más bien poco. Por eso, en la primera jornada de las Conferencia de los Océanos organizada por Naciones Unidas en Nueva York, el representante de la agrupación de pequeños Estados insulares (los más amenazados por el maltrato a los océanos) Al Bingar pedía que toda la discusión sobre la contaminación fuera más allá de un momento en Instagram. “Necesitamos compromisos a largo plazo si queremos que las nuevas generaciones sobrevivan”, añadía.

Lo tiramos al mar, pero siempre vuelve. En el camino mata pájaros y peces, y acabará por intoxicarnos

El horizonte aparece sombrío y lleno de porquería. Un estudio reciente señalaba que el 97% de las especies marinas analizadas en la región del Pacífico había ingerido plásticos. “Lo tiramos al mar, pero siempre vuelve a nosotros. En el camino mata pájaros y peces, y acabará por intoxicarnos. Siempre vuelve”, argumentaba, lúgubre, Cyril Gutsch. Este diseñador se ha propuesto acabar con el plástico. Pero mientras tanto propone reusarlo y reciclarlo. A través de su iniciativa Parley, que lo reutiliza, por ejemplo, en zapatillas Adidas, pretende que se deje de usar el plástico virgen en 10 años y el reutilizado en 20. Otra solución radical para que no acabe en el mar es prohibirlo de una u otra manera.

Lo primero es la concienciación, claro. Pero como la preocupación dura poco, hay veces que son necesarias estas medidas, según Nancy Wallace, del programa antirresiduos marinos del Departamento de Comercio de Estados Unidos. Canadá prohibirá el uso de microplásticos (trozos menores de 5 milímetros) en productos cosméticos como los dentífricos o ciertos exfoliantes de la piel el año que viene. Francia pretende vetar los vasos, platos y cubiertos de plástico de usar y tirar (no reutilizables) en 2020. Incluso países africanos como Ruanda o Kenia han desterrado las bolsas de plástico.